La Iluminación de Buda

Hace más de dos mil quinientos años, un hombre que llevaba muchas, muchas vidas buscando la verdad llegó aún lugar tranquilo en el norte de India y se sentó bajo un árbol.

Se quedó allí sentado bajo el árbol, y con inmensa resolución hizo el  voto de no volver a levantarse hasta encontrar la verdad. Al caer la noche, así está dicho, venció a las fuerzas oscuras del engaño, y por la mañana, cuando aparecía la estrella “Venus” en el firmamento del amanecer, el hombre obtuvo la recompensa a su paciencia, disciplina e impecable concentración, sostenidas durante eras, y alcanzó el objetivo final de la existencia humana, la Iluminación. En ese instante sagrado, la propia Tierra se estremeció como “ebria de dicha”, y según nos dicen las escrituras, “nadie en ningún lugar se sintió enfermo ni triste; nadie hizo mal, o fue orgulloso, el mundo quedó completamente callado, como si hubiera alcanzado la plena perfección”.

Ese hombre llegó a ser conocido como Buda.   He aquí la hermosa descripción que da el maestro vietnamita Thich Nhat Hanh de la Iluminación de Buda:

Gautama se sintió como si una cárcel que le había retenido durante miles de vidas se hubiese abierto de golpe. La ignorancia había sido el carcelero. A causa de la ignorancia, su  mente había estado obscurecida, como la luna y las estrellas ocultas por las nubes de tormenta. Nublada por interminables oleadas de pensamientos ilusorios, la mente había dividido falsamente la realidad en sujeto y objeto, yo y otros, existencia y no existencia, nacimiento y muerte, y de esas distinciones surgían opiniones erróneas: las prisiones de los sentimientos, ansias, aferramiento y el devenir.

El sufrimiento del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte sólo contribuía  a engrosar los muros de la cárcel. Lo único que se podía hacer era apoderarse del carcelero y contemplar su verdadero rostro. El carcelero era la ignorancia...Una vez eliminado el carcelero, la cárcel desaparecería y ya nunca volvería a construirse de nuevo.

Lo que vio Buda fue que la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza es la raíz de todos los tormentos del Samsara, y que la raíz de la propia ignorancia es la tendencia habitual de nuestra mente a la distracción. Poner fin a la distracción de la mente equivaldría a poner fin al mismo Samsara, y para ello, comprendió, la clave estaba en llevar la mente a casa, a su verdadera naturaleza, mediante la práctica de la meditación.

Este es un fragmento de El Libro Tibetano de la vida y la muerte de  Sogyal Rimpoche el que hace alusión  a la Iluminación de Buda en un lenguaje moderno, a través del maestro vietnamita Thich Nhat Hanh.

El Libro Tibetano de  la Vida y de la Muerte (pág. 85).

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