El Poder Sanador de la PALABRA

Dicen que nos diferenciamos del resto de animales por la capacidad de pensar y personalmente añadiría, además, por la capacidad de articular - no de repetir- palabras.

Cuando un niño se cae, inmediatamente mira a la persona que tiene a su lado. Si le dice:

¡Qué torpe eres! Ya te has vuelto a caer. El llanto del niño es inevitable.

Pero si por el contrario lo mira con una leve sonrisa en sus labios y le comenta con un tono suave: No pasa nada, yo también me he caído muchas veces. Pero tienes que prestar atención para la próxima vez.  No sólo no va a llorar, sino que también va a aprender algo importante para su vida.

A quién no le ha pasado que en su trabajo su jefe le ha hecho una crítica, fundada o no y ha llegado al calor de su hogar y no ha podido descansar.

También recuerdo aquel anciano que en la frialdad de una residencia para adultos mayores, sus hijos lo visitaban por obligación y le expresaban que era un fracasado y por eso estaba en esa situación y desgraciadamente, de tanto oírlo y de venir por parte de sus hijos, lo asumía como verdadero.

Desde que estamos en el vientre materno nos llegan las palabras. Son eso, solo palabras, pero a veces se convierten en  dardos que se clavan en nuestro ser, llegando incluso a enfermar.

¿Cuál es la solución para no enfermar o para sanarnos cuando ya lo estemos?

No sería ingerir medicamentos, hacer cirugías, ponerse corazas o practicar el aislamiento. Más bien saber convivir con las palabras y usarlas para nuestro crecimiento y sanación.

Al recibir palabras que nos pueden herir, podemos generar nosotros mismo otras que nos ayuden a combatirlas. Qué hay más sano y bonito que usar el poder que tienen las palabras para nuestro fin que es alcanzar la FELICIDAD y convertirnos en un ser maravilloso.

Empecemos por la primera palabra que todos de alguna u otra manera hemos aprendido por primera vez: MAMÁ/PAPÁ. 

Cierra los ojos e imagínate siendo una criatura que le cuesta erguirse todavía correctamente. Emite tranquilamente una de esas dos palabras. Seguro que al hacerlo sientes paz, tranquilidad y una ligera sonrisa cubre tus labios. Has podido experimentar el poder sanador de la PALABRA.

Autor: David. Antropólogo social, investigador y couching educacional. 

Más información: 84227038 

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