Dependencia Emocional

Caracterizamos como “dependientes emocionales” a aquellos que no pueden cortar un vínculo,  que los desquicia pero tampoco pueden soportarlo. Llegan desestabilizados y confusos a la consulta, mostrándonos que la brújula de su universo afectivo es el trato de su pareja, sus expectativas de amor y atención se han tornado patológicas, puesto que con el afán de alcanzarlas anulan el resto de su vida en un proceso lento e insidioso signado por la frustración y la expectativa de cambio.

AMOR Y DEPENDENCIA EMOCIONAL

En la dependencia emocional la fase de enamoramiento se confunde con la desestabilización cotidiana: el tiempo acrecienta emociones de amenaza (temor constante a la pérdida), aumento de la obsesividad, comportamientos de control excesivos, necesidad constante del otro. Esto suele entenderse como un despliegue amoroso y trágico (como el que los griegos asignaban al “eros”), es decir, el torbellino de una pasión inextinguible. La obsesividad, disminución de nuestra serotonina, no se acompaña de la gratificación y desarrollo personal que pondera al amor por sobre otros vínculos.

El enamoramiento como “fase” del amor,  conduce a un vínculo relajado de afecto y compromiso. Estará en cada pareja la posibilidad de renovar a diario la pasión, pero la química cerebral,  lejos está de la magia o el flechazo de cupido. El proceso de consolidación de un vínculo amoroso, también genera cambios en el organismo. La naturaleza ha determinado que la fase de enamoramiento sea la iniciación, y no la permanencia, de cambios químicos que siguen a otros conducentes a la relajación. Esta salvedad es la que nos permite comprender por qué en las relaciones patológicas no se arriba a la “tranquilidad” y “mutuo compromiso”; no se alcanza la “fase de permanencia”. Hay una oscilación constante entre el impacto del enamoramiento y el miedo a la ruptura, el sistema nervioso, no es ajeno a estas emociones turbulentas que son las que predisponen afecciones anímicas.

El ciclo que se inicia en esta fase no responde a una predisposición masoquista, sino a patrones vinculares aprendidos, disfuncionales, que se expresan en la elección de sujetos con características determinadas. Se cumplen a partir de aquí, una serie de criterios que conducen a la desestabilización emocional.

“Existe una fase inicial de euforia (los comienzos de la relación, cuando el dependiente conoce a su futuro compañero), la siguiente es la de subordinación (sumisión e idealización hacia la otra parte, que se instala cómodamente en esta pauta convirtiéndose en el centro de todo), y las posteriores son la de deterioro(desequilibrio extremo), ruptura con síndrome de abstinencia (momento más normal en el que el dependiente acude a la consulta, generalmente con un episodio depresivo mayor), relaciones de transición ("rollos" pasajeros para evitar la soledad) y recomienzo del ciclo (se encuentra a otra persona del perfil adecuado para establecer otra relación desequilibrada, es decir, a otra persona "interesante" a la cual idealizar, sólo se preocupa de su bienestar, de hacer lo que su pareja desee, de magnificar y alabar todo lo que hace, de ser el objeto de su desprecio e incluso a veces de su rabia, tanto psíquica como física” (Castelló Blasco, J.) 

Destacamos que las personas que desarrollan este apego exagerado a sus parejas anhelan el bienestar, es por eso que la terapia inicialmente se centra en la evaluación y explicación de este circuito y el trabajo con las creencias subyacentes a la elección de pareja; al mismo tiempo, como primer objetivo clínico se prioriza la estabilización emocional del consultante.

LA PAREJA DEL DEPENDIENTE EMOCIONAL

No resulta sencillo que los pacientes con esta problemática acepten las características de personalidad de su pareja. Es frecuente que se culpen de las reacciones hostiles que reciben,  dando lugar a inversiones constantes de la responsabilidad respecto del malestar. Asimismo, demandan aquello no les es dado espontáneamente y que refiere a las bases de un vínculo estable (atención, afecto, cuidado); los dependientes suelen entregar estos componentes de manera maximizada, por eso también  estos vínculos carecen de simetría.

¿QUÉ HACE EXACTAMENTE UN SUJETO CON ESTE PADECIMIENTO FRENTE A UNA ELECCIÓN DE PAREJA? ¿CÓMO ES SU FUTURA PAREJA?

Lo llamativo y propio del cuadro es que“idealizan a sus parejas y los escogen con unas características determinadas: ególatras, con gran seguridad en sí mismos, fríos emocionalmente, etc. El narcisismo de estas personas es la contrapartida de la baja autoestima de los dependientes emocionales, por eso se produce esta idealización y fascinación. Las relaciones de pareja atenúan su necesidad, pero siguen sin ser felices.

De todas maneras tampoco esperan serlo porque su existencia es una sucesión de desengaños y no tienen el componente esencial del bienestar: quererse a sí mismos. Este componente, por otra parte, es fundamental para poder llevar a cabo relaciones de pareja sanas, equilibradas y mutuamente gratificantes. Esta sensación de tristeza y de vida torturada se manifiesta con claridad cuando nos damos cuenta de que realmente no echan de menos el afecto y a veces el respeto que la pareja debería tenerles, simplemente es algo desconocido para ellos. Esto es algo que resulta difícil de entender cuando tratamos con estas personas. Las personas con rasgos paranoides y antisociales tienen algo que produce fascinación EN DETERMINADAS PERSONAS. Estas personas pueden ser dependientes emocionales, que ven a individuos con estas características como a gente superior, con una autoconfianza extraordinaria y con una arrogancia que confunden con valía.

El problema de tener la autoestima muy baja es que se idealiza al que la tiene muy alta, o al que destaca sobre los demás por cualquier motivo”. (Castelló Blasco, J.)

Un libro muy conocido de autoayuda “Mujeres que aman demasiado”, de Norwood, cita infinidad de casos donde esta falta  de equidad vehiculiza grandes desequilibrios emocionales.  

DEPENDENCIA SEXUAL Y EMOCIONAL

Nos encontramos  con personalidades aparentemente “fuertes” en otras esferas, pero absolutamente vulnerables respecto de los avatares del vínculo amoroso, al punto de tolerar muchas veces infidelidades -o vivir con sospechas- que llevan a conductas controladoras y demandantes (lo cual aumenta la comunicación negativa y fija comportamientos recurrentes donde se pretende “chequear” el compromiso/amor del otro).  Es destacable, que la dependencia, si fuera sexual, tendría otras características. Quien no haya trabajado esta problemática podría suponer que “los dependientes” son sujetos débiles, de poco alcance en su desarrollo personal.

Es significativo que ocurra lo contrario; en general tienen gran capacidad de afrontamiento y desarrollo en otras áreas que no son la pareja, son sujetos autónomos, profesionales, lo cual constituye una suerte de “coraza” en tanto que nadie, al conocerlos, sospecharía de este padecimiento vincular. La dependencia “emocional” no se expande a la toma de decisiones ni al desempeño de rol del sujeto.

Estas características son cruciales a la hora de evaluar la pertinencia o no del diagnóstico. “En mi opinión la dependencia más fuerte, con muchísima diferencia, es la emocional”.

El componente sexual tiene su relevancia pero no influye en determinados comportamientos como la sumisión, la idealización de la pareja, la autoanulación, la ansiedad por una temida separación, etc. Además, si la dependencia fuera únicamente sexual no sería necesariamente con una única pareja, podría ser con varias simultáneamente”. (Castelló Blasco, J.)

Los dependientes tienen pánico ante la ruptura y gran posibilidad de padecer trastornos mentales en caso de que se produzca. De hecho, uno de los dos motivos principales de consulta de los dependientes emocionales es el padecimiento de una psicopatología (generalmente, un episodio depresivo mayor) tras una ruptura. Este sufrimiento se puede producir con una persona que ha hecho la vida imposible o que incluso ha maltratado al dependiente emocional.

En estos casos, el paciente no deja de recordarnos a un toxicómano en pleno “síndrome de abstinencia”…

... es más, son muy frecuentes la negación de dicha ruptura y los continuos intentos y exhortaciones para reanudar la relación.

Es necesario añadir que esta tormenta emocional amaina milagrosamente cuando aparece otra persona que cubra las necesidades afectivas del dependiente, y es muy frecuente que la ruptura se produzca cuando se tiene ya otra relación.

Cuando esto se produce, el centro de la existencia pasa a ser la nueva pareja. La diferencia con personas “normales” es que éstas suelen guardar un periodo que podríamos calificar como de duelo tras una ruptura amorosa, período en el que no se tienen muchas ganas de tener a otra persona porque la anterior todavía ocupa un lugar privilegiado. Tienen un miedo e intolerancia terribles a la soledad, base de su comportamiento ante las rupturas, de su necesidad de otra persona, del apego y parasitismo que tienen hacia ella u otras personas, etc. Esta intolerancia a la soledad se debe a que la relación del dependiente consigo mismo es muy negativa; con otras palabras podemos afirmar que no se soportan” (Castelló Blasco, J.)

La adquisición de  nuevos patrones vinculares, en la psicoterapia, sólo es posible cuando hemos interrumpido el circuito “pérdida-nuevo vínculo” y se ha logrado una clara consciencia del origen del malestar. 

 

Osvaldo Aravena Rosales

Psicoterapeuta en Adicciones

Terapeuta Humanista-Traspersonal

www.bio-integral.cl

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

Recomienda este artículo

Tuesday the 21st. Affiliate Marketing. Bio-Integral
Copyright 2015

©