El mal habito de postergarse

pareY postergarse me refiero a dejar para después las prioridades personales por otras actividades del momento. Es la frecuente priorización del mundo exterior y lo contingente en desmedro del mundo interior y de lo que para nosotros es importante.

Común es escuchar a las personas decir: “hace tiempo que ya no hago lo que me apasionaba porque ahora tengo otras cosas que hacer”, “me he dejado estar porque los compromisos me tienen colapsado”, ”todo mi tiempo se me va entre el trabajo y los hijos” “dado mi exceso de trabajo, no tengo tiempo para vivir”, “ya no tengo vida”.

Yo diría que no necesariamente no se tiene vida. Sí, se tiene una vida. Pero una vida volcada hacia afuera. Una vida con el foco puesto en las actividades externas y exigencias del entorno, en los compromisos “ineludibles”, en prioridades dadas por moldes sociales. Empieza como un inocente actuar automático e irreflexivo que se basa en un anhelo neurótico por hacer las cosas bien, creyendo quehacer las cosas bien es sacrificarse respondiendo a todas las demandas del entorno.

Ese comportamiento se repite en el tiempo, con poca consciencia e instalándose progresivamente como un hábito, y con los años, transformándose en un estilo de vida. El estilo de vida de la postergación personal. El estilo de vida de estar volcado al mundo exterior y a las exigencias sociales. El estilo de vida de no escucharse,de negarse, de postergarse para un “después”, para cuando “tenga tiempo para mí”. Tiempo que con el paso de los años parece no llegar nunca. Y de ahí, la propia vida se diluye en un conjunto de acciones que comienzan a perder el propósito y el sentido. El hacer se vuelve automático, rutinario e inconsciente.

Este estilo de vida facilita el dejar de escucharse y vivir en modo automático hacia mundo exterior, dependiendo de lo que otros supuestamente quieren y volviéndose adictos a las demandas de afuera. Y si no hay demandas, la idea es inventarse tareas y así siempre se está ocupado, en la acción, usando el tiempo en algo, en lo que sea. Porque la idea es rellenar el espacio del silencio. Silencio que incomoda. Silencio que cuando habla, comienza a mostrarnos una propia y necesaria verdad. La propia verdad de lo que necesitamos escuchar en ese momento. La verdad de que somos protagonistas de nuestras vidas, nuestra felicidad y nuestras decisiones. Si alguien no quiere oír eso, es mejor llenarse de “quehaceres”.

Es impresionante ver tantas personas que tienden a postergarse porque dejaron de escuchar su verdad interior para sólo escuchar mandatos externos. Mandatos de sus familias, de las historias que se han contado, de los moldes sociales, de sus roles e incluso de la televisión. Personas negadas de sus íntimas y naturales prioridades personales y propósitos en la vida. Negadas de sí y sus dones, de su aporte al mundo, dejando de ser protagonistas y partícipes de lo que les pasa. Siendo que la mayor responsabilidad con nosotros mismos es ser actores principales de nuestras vidas y nuestros talentos, para ponerlos al servicio de una humanidad desconectada de sí misma y que necesita de lo mejor de cada uno de nosotros.

Para eso hay que hacer un cambio radical y cuestionar nuestros sistemas de creencias. Lo primero, comprender que el postergarse nos vuelve irresponsables con nuestra propia vida. Segundo, valorar que dedicar tiempo personal es también una necesidad humana. Y tercero, que hay que invertir en uno mismo.

Hay también que dedicarse a invertir tiempo para lo que se anhela y sueña. Además invertir en tiempo para detenernos, re-pensarnos y hacernos preguntas fundamentales, como por ejemplo: ¿qué es lo que quiero?, esto que tengo ¿es realmente lo que soñé alguna vez para mí?, ¿qué me da bienestar y mejor calidad de vida?, ¿lo que hago me permite desplegar mis talentos? o ¿dónde, cómo y con quien quiero estar?

Por ello, creo que a la luz de la actual realidad, no invertir en uno mismo es un asesinato a los propios talentos, la autorrealización y el bienestar. Hay que dedicar tiempo a la felicidad, al disfrute, al desarrollo de nosotros mismos, a la autorrealización y a las cosas que nos apasionan, comprendiendo que las personas somos más felices cuando le damos tiempo a cada cosa en la que decidimos activamente estar y en aquellas actividades donde surge lo mejor de nosotros, donde aparecemos de verdad, con todo y sin límite alguno.

Existen a mi juicio 5 amenazas centrales que hacen que las personas no deseen invertir tiempo y dedicación para sí mismos: administrar mal el tiempo o no saber darle valor a los tiempos personales; asumir sin cuestionamiento las expectativas sociales anulando los anhelos y sueños propios; estar siempre haciéndose cargo de algo, o de situaciones o de otras personas (menos de sí mismos); creer erróneamente que dedicarse a uno es ser egoísta (y tener culpa al dedicar tiempo propio) y no ver el valor de trabajar en la búsqueda de la realización personal y el bienestar.

Afortunadamente, los tiempos están cambiando y cada vez más personas se están preguntando respecto a ellas mismas y su lugar en el mundo. Más personas empiezan a darle un valor y a ser conscientes de la importancia de dedicarse a sí mismos, priorizando el desarrollo íntegro de todo su potencial. Cada uno buscará su mejor estrategia para hacerlo, pero claramente sino le damos un valor, una urgencia y una relevancia al tiempo personal, las demandas de la modernidad y del trabajo consumirán todo tiempo para la autorrealización, la calidad de vida y los momentos para disfrutar de todo el esfuerzo invertido.

Son tiempos de cambio. Son tiempos para no postergarse ni menos excluirse. Son tiempos inevitables de participación activa en la vida que estamos llevando y del mundo que estamos viviendo. Es tiempo y energía valiosa necesaria de invertir para contribuir a un planeta abatido que espera que los ciudadanos del mundo estén realmente presentes, felices y más protagonistas que nunca.

Por: Shenyi Loo Valdés Sicólogo Transpersonal

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